Nuestra misión
Tab Navigator nació de una escena repetida: equipos de producto y estudios chicos con trabajo real entre manos, pero sin tiempo ni ganas de armar un sitio propio para mostrarlo. El resultado era siempre el mismo, una carpeta de capturas estáticas que no explicaba nada del proceso ni de las decisiones detrás de cada pantalla.
Por eso construimos un catálogo de maquetas navegables. Cada pieza es una interfaz que se puede recorrer: flujos de alta, tableros operativos, checkouts, sistemas de componentes con tokens y variantes. No son imágenes decorativas, son artefactos que muestran jerarquía visual, estados de error, notas de accesibilidad y criterios de rendimiento.
Trabajamos desde Buenos Aires con clientes de la región que necesitan ver una interfaz funcionando antes de comprometer presupuesto de desarrollo. La misión es simple: que la conversación deje de ser sobre bocetos y pase a ser sobre comportamiento real.
Cada maqueta parte de un problema concreto de un equipo: abandono en el alta, lectura lenta de datos operativos, inconsistencias que crecen sprint a sprint. Nada se arma por rellenar catálogo.
Junto a cada pantalla van las capturas de proceso, las variantes descartadas y las notas sobre contraste, foco visible y áreas táctiles. Quien retoma el archivo entiende por qué está así.
El efecto buscado es que un cliente pueda recorrer el flujo, romperlo, probar estados vacíos y recién después decidir si vale la pena llevarlo a desarrollo. Menos sorpresas, menos retrabajo.
Tab Navigator empezó como un archivo interno de maquetas que armábamos para explicar decisiones de jerarquía visual a clientes de Buenos Aires. Con el tiempo ese archivo se volvió un catálogo navegable y, después, un estudio con criterio propio sobre cómo se documenta una interfaz.
Antes de hablar de sistemas de diseño, resolvíamos flujos puntuales: un alta de usuario, un checkout, un tablero de entregas. Cada maqueta se probaba con el equipo del cliente antes de escribir una línea de código. Esa costumbre sigue intacta.
Notamos que los equipos pequeños perdían tiempo reconstruyendo botones, campos y tarjetas en cada sprint. Empezamos a entregar tokens, variantes y estados junto con las capturas de proceso. La documentación dejó de ser un anexo y pasó a ser parte del entregable.
Incorporamos notas de contraste, foco visible y área táctil mínima en cada componente. También revisamos peso de imágenes y estados de carga. No es un módulo aparte: aparece en la misma hoja donde se define un color o un espaciado.
Hoy el portafolio se organiza por tipo de producto: onboarding, dashboards, checkout, tableros de datos y sistemas de componentes. Cada pieza se puede navegar y filtrar, porque la mejor forma de explicar cómo se comporta una interfaz es dejarla funcionar.
Recorrido del estudio
No empezamos vendiendo maquetas. Empezamos corrigiendo pantallas que ya estaban en producción y necesitaban orden. Esa práctica nos llevó a documentar cada decisión y a convertirla en un catálogo que hoy se puede recorrer sin instalar nada.
2019
Trabajamos con dos equipos de producto en Buenos Aires que necesitaban leer datos operativos sin abrir cinco pestañas. Ahí apareció la costumbre de anotar por qué cada jerarquía visual quedaba como quedaba.
2021
Un marketplace de servicios nos pidió ordenar botones, campos y tarjetas que cada sprint resolvía distinto. Definimos tokens de color, espaciado y tipografía, y dejamos por escrito estados de foco, error y deshabilitado.
2022
Reorganizamos un alta fintech que pedía todo en una sola pantalla. La partimos en cuatro pasos y agregamos variantes para usuario invitado, reintento tras rechazo y errores recuperables.
2023
Empezamos a incluir notas de contraste, foco visible y tamaño mínimo de área táctil en cada pieza. También medimos peso de pantallas y tiempos de carga antes de mostrar una maqueta a un cliente.
2024
Reunimos onboarding, dashboards, checkout y tableros de datos en un mismo formato: maquetas que se recorren, con capturas de proceso y decisiones anotadas al lado. Freelancers y estudios chicos lo usan para mostrar trabajo real sin armar un sitio desde cero.